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Ella es Miriam y no olvida los momentos de violencia que
vivió allá, en su lugar de origen; la vereda tampoco lo
olvida. Al lado de sus hijos construye un futuro difícil de aprender.
A pesar de su trabajo incansable, aún saca tiempo para educar a
sus hijos y superar el dolor, en su piel morena brilla una dignidad que
contagia. Es altivez y fortaleza; es entrega y honestidad. Esta mujer
aprendió el respeto por los demás y a cambio recibió
la violencia. Aquí están sus palabras: "con mi compañero llegamos a Necoclí; conseguimos dos hectáreas de tierra y sembramos de todo. Yo aprendí a tejer sombreros, pero a mi lo que me gusta es el trabajo del campo: sembrar tomate, berenjena y verduras. y lo vinieron a buscar! En el año 88, todo eso se llenó de soldados. Había como cuatro batallones y a mi esposo lo cogieron aquí, en la misma casa. Estaba midiendo unos palos y lo vinieron a buscar los soldados, por que otro hombre lo había "sapiado" de que era guerrillero. En esa época. Por todas las veredas caminaban lo guerrilleros y entraban a las casas pero mi Manuel no era uno de esos al hombre que lo sapió le dieron plata y un novillo, que a lo último se lo comieron los mismos guerrilleros. Lo cogieron el sábado a las cuatro de la tarde. El domingo fui con mis pelaos a ver donde lo tenían y no melo dejaron ver. Pregunté qué pasaba, por qué por qué se habían llevado a Manuel, que por qué lo habían golpeado, que por qué no lo dejaban comer dijeron que él les iba a dar una declaración y añadieron: - no, tranquila váyase para la casa hágale una limonada y la sopa que ahorita nosotros lo vamos a llevar. Y me vine para mi casa a esperar. Al rato venir todos lo soldados con él. Yo no lo reconocía por que lo traían uniformado de soldado. Entonces uno de ellos me dijo vaya Miriam y hable con Manuel. Fui y apenas me vio se puso a llorar y yo también lloré de ver que iba a dejar a todos sus hijitos. El lloraba también por lo hijos que dejaba me dijo que lo iban a matar lo vi muy estropeado por que le habían pegado muy duro Yo les dije a los soldados que por que lo iban a matar, si ellos no tenían pruebas de que él era guerrillero. Me contestaron que sí as tenían por que el que lo sapió decía que era cierto pero ¡mentira! ¡mentira! Manuel me dijo que cuidara de los hijos. Lo único que me pedía era que si lo llegaban a matar por ahí, que lo fuera a recoger y lo enterrara Después yo le dije a los soldados: yo les agradezco que si lo van a matar mátenlo aquí para saber que lo mataron y poder enterrarlo ahora, por que si lo matan por allá en esos rumbones y serranías no puedo ir a buscarlo. Y los soldados me dijeron que no que tranquila que no iban a matarlo Fue el lunes Yo me la pasaba llorando y no me daba por hacerle comida a los pelaos,
por lavar ni por bañarme. El lunes fue el día que lo mataron.
Ese lunes vinieron y me dijeron: ¿por qué no coges tus pelaos
y te vas? Por qué? Me encerré en mi casa con mis pelaos y entonces fue cuando se oyó la tiramenta, tra, tra, tra enseguida se vino un dolor en el corazón y le dije a lo pelaos, sepan que a su papá lo mataron y me preguntaron, por qué mami? ¡Porque me da una cosa en el corazón que es él! Desde que lo mataron me puse a llorar. Eso fue como a las dos y media,
a las seis vinieron unos soldados y me dijeron - oíste el combate
que hubo ahorita?
tu Manuel eras muy trabajador, era muy querido
con los niños y todo, pero como nosotros lo teníamos los
guerrilleros lo mataron
Y quedé sola con mis hijos pasando trabajo de un lado para otro pues allí no podíamos quedarnos por que corríamos peligro. Como tenía una hermana en esta ciudad cogimos para acá a aventurar la vida para salvarla." CLAUDIA Ella es una mujer de 45 años, decidida y emprendedora que habla con facilidad y se critica a sí misma. Con palabras limpias y pausadas nos narra su vida. Es una mujer que sabe de donde viene y para donde va, camina por el sendero de la ideas y a cada paso construye su libertad. "Soy natal de un pueblito de Cundinamarca. Fue allí donde ingresé al PCC y me sentí identificada con sus ideales políticos. En ese trabajo conocí al que sería mi esposo, al principio la relación giró en torno a las relaciones del partido pero luego de un año decidimos organizarnos. Vivía en una vereda con mi madre que estaba tullida desde mucho tiempo atrás y dos hermanos varones. Todos trabajábamos en la finca que era de mi hermano mayor, pero parecía de todos, nos repartíamos el trabajo, las ganancias y cuidábamos de mamá. Por persecución política fui detenida y pasé 15 días en la cárcel. A los dos meses de salir de allí, quedé embarazada, pero seguía trabajando en la finca. Tenía siete mese de embarazo cuando mi compañero le salió un viaje para la URSS y me quedé sola por seis meses. Fui madre a los 27 años y el papá estaba muy lejos, fue un parto difícil y casi me muero por que el niño estaba pasado de días para nacer. A los dos meses de haber nacido mi hijo hubo un ataque cerca de mi casa y los militares nos culparon a nosotros. Entonces se me cambió la vida: después de ser un líder en el pueblo me tocó salir herida para Bogotá pues el atentado era a mi compañero y me hirieron a mí. Antes de venirme para Bogotá me tocó ocultarme en varios
pueblos pero hasta allá llegaba la persecución, por eso
salí con mi hijo perseguida hacia la ciudad con la esperanza de
pasar desapercibida. No teníamos para donde coger. Nos quedamos una noche donde un amigo otra donde otro andábamos atontados hasta me robaron en la buseta los anillos que tenía a veces no sabíamos donde ir tomábamos el bus que nos llevara a cualquier parte. Buscando empleo me puse a vender ropa y me y fui para Iconozo. La verdad es que no logramos vender nada, ni siquiera sacamos para el almuerzo de ese día. Un compañero del partido nos regalo mil pesos y comimos mi hijo y yo. Nos tocó dormir allá en una pieza con unos costales por miedo nadie nos daba alojamiento. Volví a Bogotá y fui donde una amiga que había sido personera allá en mi pueblo, vivimos un tiempo muy tranquilos en su casa, estando ahí por intermedio de una ONG nos dieron aporte para el fondo de ayuda a damnificados. Fueron $150.000. Ese mismo día me avisaron que mi mamá se había enfermado y me fui para el pueblito dejándole el cheque a mi amiga. En la vereda estuve todo el tiempo escondida con mi mamá no podía ni salir al patio, cuando mi mamá se mejoró otra vez a escondidas llegamos a Bogotá. Cuando llegamos a la casa de mi amiga y mi sorpresa fue cuando me mando un nota diciendo que se había gastado la plata. Esa traición fue muy dura para mi, se sus amigos con esta plata y otra que me habían dado mis hermanos pensaba independizarme y montar un negocio con mi máquina de coser, pues siempre fui buena para eso. Y otra vez de un lado para otro con mi hijo. Le pedí a mis compañeros que me ayudaran que me dieran alojamiento pero nada hasta me fui a la casa de una comadre de mi pueblo, también desplazada. Vivía en una piecita con ocho personas más pero aún así nos acogió a mi hijo y a mí hasta comida nos dio esa noche hasta que pudimos conseguir una piecita en ese barrio. Ahí empecé a con mi máquina de coser. La gente como sabe que uno es desplazado quiere aprovecharse y que les regalara mi trabajo pero yo no dejo. Yo siempre ponía los puntos en claro, hay muchas organizaciones que trabajan con desplazados pero abusan por verlo a uno en esa situación y luego dicen que uno es el que no quiere trabajar Desde la organización de mujeres desplazadas por la violencia, de la que hago parte, hemos empezado a crear un proceso organizativo en la ciudad, con un proyecto de economía solidaria, trabajo mi modistería y además vendemos ropa usada en un mercado que llamamos "de pulgas". En ese trabajo, contamos con el apoyo de mucha gente que no hace donaciones en ropa usada. Con mi trabajo como modista pago la pieza, el local y sostengo a mi hijo que esta estudiando, es un adolescente de13 años que esta estudiando pero ¡que difíciles son mis relaciones con él ! no sé si es que le falta el papá o por todas las situaciones que nos ha tocado vivir, pero me preocupa mucho en este momento por que siento que nuestras relaciones son muy conflictivas y no quiere seguir estudiando."
La "Licho" como cariñosamente le dicen sus familiares, es un joven de 24 años, con ojos soñadores, con muchas ganas de vivir y construir un futuro. Está empeñada en abrirse paso, trascendiendo de esa condición de desplazada que le ha sido impuesta para llegar a ser ciudadana. " Nací en el Tomate, un municipio de del departamento de Córdoba, allí crecí en una pequeña finca que tenían mis padres donde cultivábamos yuca, maíz, y teníamos algunos animalitos. En esa zona hay muchos terratenientes y siempre están por sacarlo a uno para agrandar sus fincas, por eso los campesinos de la región se organizaron y entraron a formar parte de la ANUC (asociación nacional de usuarios campesinos) era una organización fuerte hacían marchas y tomas de tierra. Nosotros éramos muy felices en la finca. No nos hacia falta nada, además teníamos mucho reconocimiento por que mi papá era un dirigente de la ANUC y todo el mundo lo quería mucho. Yo siempre soñaba salir a estudiar a Montería y ser una doctora de la salud para curar a los campesinos. Lo que más me gustaba de mi pueblo era cuando hacían fiestas había bandas comida, trago y compartíamos como en familia. A veces corralejas y nos quedábamos de noche para el fandango. Pero hubo una masacre en el Tomate, donde cayó un familiar
y nos tocó salir huyendo para Montería, casi todo el pueblo
se fue
la gente estaba muy asustada porque allá nadie responde
por los muertos
a mi papá como era un dirigente campesino
lo empezaron a perseguir y se vino para Bogotá a trabajar en la
oficina de la ANUC. Nosotros nos quedamos viviendo en Cantaclaro, el barrio
mas pobre de Montería, no tiene agua ni alcantarillado toca cargarla,
la luz es pirateada
"Comencé a ir a Provivienda en Bogotá, para ver como me daban una casita, para irla pagando yo no decía que me la regalaran que la iba pagando. Una señora me donó el lotecito que era en una loma. Al verlo me puse a llorar! Con mis hijas fuimos aplanando la loma pueden ver mis manos como las tengo de callosas. En la vida me había tocado así. Cuando ya estabamos levantando el rancho en tela asfáltica, vino la policía y el ejercito y nos dijeron: - a ustedes quién les dio orden de construir ? me paré aquí en la loma y les dije: señor agente, como tengo necesidad de construir y como es mío, por eso lo hago no tengo donde meterme con toda mi familia nos va a botar a la calle? Y él me respondió:- salga por que no tiene orden de construcción y les dije. Es verdad que no tengo pero no tengo con que pagar arriendo. Estoy aguantando hambre con mis hijos y no puedo quedarme en la calle, por eso estoy sometida mire como tengo mis manos! Y la policía me dijo: yo no sé señora pero usted tiene que detener esto y en todo caso no puede construir le repito. Y yo pensé esta noche vienen y se llevan los palitos que habíamos puesto. Nos toco mañanear y colocar otros palos y otra vez llegó la policía con caballos y con motos, preguntaron que quiénes son los que están construyendo y les contesté no señor nadie está construyendo, este ranchito como que alguien lo está parando aquí pero no volvieron ( esos policías eran otros por eso les echamos el cuento) A medio día si llegaron los policías que nos conocían y nos dijeron usted es la que está construyendo cierto? Le dije: si es que me va a echar a la calle le dije que no tengo a donde ir tengo mi familia en la calle y ahora conseguí este lotecito como no voy a construir en lo de uno? Al fin los espantamos y así fue que con mucho amor levantamos la casita. La una clavaba las puntillas la otra latas y tela asfáltica cuando teníamos todo armado vino de nuevo la policía y quería meterle candela al rancho yo me plantonié en medio y les dije eso es cosa de ustedes! Dijimos no podemos dejar esto solo y nos toco quedarnos a dormir con ese frío del páramo y ese ventarrón volvió la policía en la noche nos trato mal pero no dejo que lo tumbaran En esas llevamos cuatro años con el ranchito que hemos ido mejorando. Nos asustan cada día diciendo que nos van a hacer un lanzamiento a lo que vivimos en ese sector, pero nada Toda la gente del barrio estamos muy unidos y no ayudamos. Si a uno
le sobran palos o latas, se las pasaba al vecino. Los más jóvenes
hombres y mujeres en las horas de descanso se ponían a jugar tejo
y a tomar "polita" , la verdad es que las que más trabajamos
somos las mujeres, la construcción de la casa comunal también
es obra de nosotros. Eramos las primeras que llegábamos a trabajar
los hombres llegaban mas tarde y eso por que les daba pena vernos trabajar
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